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Les presento este artículo que escribió una niña de tan sólo 11 años que  muestra una inmensa sensibilidad social. Leerla renueva mis esperanzas de un futuro mejor El texto fue publicado en Cartas al Director del periódico El Nacional, puedes velo al hacer clic aquí Ayudemos a los animales Mi nombre es Lía Pérez y tengo 11 años, le escribo preocupada por el maltrato animal. Hay mucha gente que abandona, maltrata, desprecia a los animales. Pero yo quiero cambiar eso. Muchos caminan por la calle y ven a un perro o a un gato callejero que necesita comer, beber o cuidados veterinarios… ¿y qué hacen? Nada, los miran, los rechazan, los ignoran y siguen o como si nada pasara. Todos los días a donde yo voy siempre veo a un perro callejero y algunos días veo a un perro atropellado, muerto de hambre, tieso y siendo sincera no soporto mirarlo, me dan ganas de llorar bastante, y me pregunto: ¿Por qué hay gente que maltrata a los animales y que los abandona? Cuando veo un an

Ya tendrás tiempo

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Con el paso de los años identificas las verdaderas prioridades de la vida. Ya tendrás tiempo de comer tranquila, de dormir de corrido o un rato más, ya podrás tener la casa reluciente, llegar temprano a todas tus citas, ir al gimnasio todos los días, vacacionar con tu pareja y comprar más ropa para ti... Mientras ese día llega juega un rato más con tus hijos, cárgalos y amamántalos cuando te lo pidan , no le dejes llorar solo, satisface sus necesidades afectivas, ya que nunca más será un bebé, no tendrás otra oportunidad para darle el pecho o ese abrazo que necesitaba tras un berrinche, nunca más será un bebé. Cuando llegan los hijos quizás no podremos hacer todo aquello a lo que estábamos acostumbrados, es posible que debamos mirar a otro lado para no volvernos locas con las pequeñas piezas de juguetes que se reproducen por la casa y lo más probable es que tampoco podamos cumplir con las altas expectativas personales, familiares, como mujeres, como amantes, como profesiona

La triste crónica de los gatitos que traté de salvar

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Mis hijas tratando de alimentar uno de los gatitios. El 19 de junio, cuando estaba de vacaciones en casa, a eso de las 9:00 de la mañana comencé a escuchar maullidos en una casa deshabitada contigua a la mía. El llamado de los gatitos paraba y volvía mientras yo miraba al patio de esa vivienda para confirmar si alguna gata había parido allí. El llanto se intensificaba con el paso de las horas y mientras el sol recrudecía. Cuando me disponía a llamar a los dueños por teléfono pude ver cuatro tiernos cachorritos tirados en la acera clamando a su madre. Les llevé un cajita para que se refugiaran y leche diluida, pero eran tan tiernos que no sabían cómo comer, pues los alejaron abruptamente su madre y de la protección y salud que ella les daba con la leche materna de sus pechos. Tres de los cuatro gatitos en la cajita que les puse.  Traté de darle leche con un biberón que me quedaba de un perrito que crié hacía un buen tiempo, pero la tetera era muy grande para el